TEATRO DE PINOCHO. JAIME GARCÍA PADRINO Y LUCÍA SOLANA PÉREZ
García, J., Solana, L. (2002). Teatro de Pinocho. Editorial CCS.
Este
libro recoge dos obras teatrales que fueron publicadas en la revista Pinocho en
el año 1925, de ahí que su nombre sea Teatro de Pinocho. La revista Pinocho se
trata de una revista infantil en la que se ofrecían diferentes secciones de
lectura, entre las que se encontraba una sección de teatro.
Teatro
de Pinocho pertenece a la Literatura Infantil y Juvenil, aunque no está
dirigida a las primeras edades, sino para niños/as algo más mayores, a partir
de los 8 años.
La
primera de las obras que podemos encontrar en este libro se llama El
Duquesito de Rataplán, de Magda Donato quien renovó los temas y
personajes de la LI en España en los años anteriores al comienzo de la Guerra
Civil. Magda Donato publicó diversos cuentos durante esta época además de libros
y otras obras de teatro como Pipo, Pipa y el lobo tragalotodo.
Esta
obra pertenece a los denominados géneros mayores, específicamente a la comedia,
ya que al principio de la misma se nos presenta un conflicto: la perrita de la
princesa se ahoga mientras come pescado; y a partir de ahí se sigue desarrollando
la historia hasta terminar con un final feliz. Su variante sería teatro para
ser representado, en este caso, por adultos ante los/as niños/
El
Duquesito de Rataplán consta de cuatro cuadros y en sus acotaciones se pueden
percibir los toques cómicos que deben ser representados, por ejemplo “(cantando
con la melodía de “quisiera ser tan alta como la Luna”) la princesita empieza a
cantar “Cuanto voy a querer a mi duquesito; ¡ay, ay! A mi duquesito.”.
En
el primero de ellos es donde se presenta el conflicto mencionado en el párrafo
anterior ante el cual, el rey establece una nueva norma en el reino y para
quien la incumpla, una condena. En el segundo, aparecen dos nuevos personajes
y, uno de ellos, incumple la norma del rey, por lo que es condenado, pero, su
hijo se ofrece a cumplir él la condena y salvar la vida de su padre. En el
tercer cuadro, el duque puede ser agraciado con tres deseos que finalmente,
acaban siendo una especie de castigo para el rey, ya que le pide todas sus
riquezas y las reparte entre las gentes del pueblo y, además, le pide la mano
de la princesa. Ante esta proposición, el rey se niega rotundamente, pero la
princesa está encantada con la idea de casarse con el duque a pesar de no llegar
apenas a los quince años, por lo que el rey acaba cediendo y, en el último de
los cuadros, al duque se le concede el último de los deseos que tiene que ver
con que, si nadie ha visto que su padre incumpliera la norma impuesta por el
rey, debería ser perdonado. Y así fue, el duquesito acabó siendo liberado y,
además, heredero al trono del reino.
Por
otro lado, la segunda obra que se nos presenta en este libro es El
príncipe que no quiere ser niño, de Antonio Robles, quien destacó por
sus relatos infantiles en los que se percibía el sentido del humor a partir del
tratamiento de lo absurdo y el disparate. Exiliado en México al terminar la Guerra
Civil publicó diversos libros con el propósito de que fuesen útiles para el
trabajo de los/as maestros/as en las aulas, entre los que se encuentra uno de
los clásicos relatos modernos de principios del siglo XX, Rompetacones.
El
príncipe que no quería ser niño pertenece a los denominados subgéneros menores,
ya que consta de un único acto. Específicamente podría clasificarse como
sainete ya que se trata de una pieza teatral cómica que se representa de forma
independiente que recrea escenas costumbristas en tono burlesco. El ambiente y
los personajes son populares.

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